Cortocircuito y Sobrecarga: ¿en qué se diferencian y cómo se protegen tus instalaciones?

En el mundo de la electricidad hay dos palabras que solemos escuchar cuando "salta la luz": cortocircuito y sobrecarga. Aunque a veces se usan como si fueran lo mismo, en realidad son fenómenos muy distintos, con causas diferentes y también con protecciones específicas.
Vamos a ver de forma sencilla qué significa cada uno, y cómo entra en juego un dispositivo clave: el interruptor magnetotérmico.
¿Qué es un cortocircuito?
Un cortocircuito ocurre cuando dos conductores que no deberían tocarse (fase y neutro, o fase y tierra) entran en contacto directo.
Ese contacto genera una corriente enorme, muy superior a la que el circuito puede soportar. El resultado suele ser inmediato: chispa, salto del automático, e incluso, en casos extremos, riesgo de incendio.
Las causas más comunes:
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Aislamiento de cables dañado.
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Conexiones mal hechas en enchufes o cajas de empalme.
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Aparatos defectuosos que provocan contacto directo entre conductores.
¿Qué es una sobrecarga?
La sobrecarga es distinta: no hay un contacto directo entre cables, sino que un mismo circuito está soportando más consumo del que debería.
Ejemplo clásico: conectar varios electrodomésticos potentes en un mismo enchufe o regleta. La suma de consumos supera la capacidad del cableado, que empieza a recalentarse.
Aunque no es tan brusca como un cortocircuito, una sobrecarga mantenida en el tiempo es igual de peligrosa, porque puede deteriorar la instalación y aumentar el riesgo de incendio.
El interruptor magnetotérmico: el vigilante de tu instalación
Aquí entra en juego el magnetotérmico, esa pieza del cuadro eléctrico que solemos llamar "automático".
Su misión es doble:
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Función térmica (protección contra sobrecargas): un pequeño bimetal dentro del magnetotérmico se deforma con el calor generado por la sobreintensidad. Cuando la corriente supera el límite para el que está diseñado, desconecta el circuito.
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Función magnética (protección contra cortocircuitos): un electroimán detecta corrientes extremadamente altas (las que se generan en un cortocircuito) y actúa de forma instantánea, cortando el suministro en milésimas de segundo.
Amperajes y calibración según los cables
Un magnetotérmico no se elige al azar: debe estar calibrado en función de la sección de los cables que protege.
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Un cable demasiado fino con un magnetotérmico de amperaje demasiado alto es un riesgo: el automático tardará en saltar y el cable puede recalentarse.
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Un magnetotérmico demasiado bajo hará que salte constantemente aunque la instalación esté en buen estado.
Por eso se siguen tablas normalizadas que relacionan la sección del cable (en mm²) con la intensidad máxima admisible (en amperios).
Ejemplos comunes:
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1,5 mm² → magnetotérmico de 10 A (iluminación).
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2,5 mm² → magnetotérmico de 16 A (enchufes).
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6 mm² → magnetotérmico de 25 A (cocina, horno, termo).
De este modo, cada circuito queda protegido de manera proporcional a su capacidad.
¿Qué pasa si falla un magnetotérmico?
Un magnetotérmico envejecido, manipulado de forma incorrecta o mal dimensionado puede no actuar cuando debería. Esto significa que los cables trabajan en condiciones de riesgo, sin la protección adecuada.
En esos casos, lo recomendable es revisar el cuadro eléctrico, comprobar que cada circuito cuenta con su magnetotérmico correspondiente y que los valores son los adecuados para la instalación real.
Pare resumir:
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El cortocircuito es un choque directo entre cables: provoca corrientes altísimas e inmediatas.
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La sobrecarga es un exceso de consumo prolongado: calienta los cables y puede dañarlos.
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El magnetotérmico protege contra ambos, gracias a su doble función térmica y magnética.
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Cada magnetotérmico debe estar calibrado con la sección del cable que protege.
El resultado: una instalación segura, equilibrada y lista para soportar el uso diario sin sobresaltos.
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